- Temes al invierno?

- No.

- ... márchate.

Portada

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3 may. 2010

Inocente

El silencio del aula la envolvió mientras su cerebro intentaba procesar qué era lo que había pasado.

Se concentró en la agradable solided de su silla para volver a la realidad.


Hacía tan solo unos segundos, estaban allí fuera tan contentas y de pronto... todo aquello?

Quizá otra persona le hubiera dado más vueltas, pero acostumbrada a las extrañas reacciones de su amiga, Shasha se limitó a encojerse de hombros y comenzar a sacar libretas.


Se hallaba intensamente concentrada en la tarea de arrancar el precio rebajado de una de las carpetas con lo poco que le quedaba de sus uñas que no le dio tiempo ni a soprenderse cuando unos codos se posaron en su mesa.

- Ya era hora.

Su cuerpo se estremeció por completo al reconocer una voz que nunca había oído pero que, de algún modo identificaba con la persona de la que procedía.

Parpadeó una vez. Luego dos. Se preguntó si podría parpadear quinientas... antes que admitir que ella le estaba hablando.

No sin sorpresa, alzó la vista y contempló aquellos violáceos ojos de mirada perdida, que parecían saber más que todos los profesores del colegio, que nunca se detenían un segundo más de lo imprescindible sobre una persona... y que ahora la contemplaban con una pequeña... chispa de interés?

Debió ser su imaginación, pues cuando esbozo una especie de sonrisa de saludo, aquella chispa había desaparecido, substituida de nuevo por la indiferencia.

Shasha decidió no dejarse intimidar, pero las palabras quedaron atrapadas en su lengua cuando vio como la esbelta chica cogía su carpeta y arrancaba la insufrible pegatina con un elegante gesto, sin el más mínimo esfuerzo.

- ¿Cómo has...?- se sintió boba.

La morena desvió sus inquietantes ojos a la ventana y se apoyó en ella acariciando el cristal con una mano.

- ¿Te importaría tener un poco más de cerebro?

Shasha sintió que sus mejillas ardían.

- Oye, no sé a que viene esto pero...

- Por supuesto que no lo sabes.- dijo volviendo a clavar aquellos orbes violáceos en sus ojos- Si lo supieras, el juego no tendría ni la mitad de gracia. Pero... teniendo en cuenta que Nine parece sentir algún tipo de... como decirlo, aprecio? Creo que se dice así... Bien, aprecio, por tu insulsa persona, me gustaría pedirte que tuvieras cuidado con lo que haces.

Y con aquellas palabras y una extraña sonrisa, le tiró de la oreja y se sentó inmediantamente detrás de ella, para consternación de Shasha, en el mismo instante en que la puerta del aula se abría de nuevo y todos sus compañeros entraban a tomar asiento.

Apretando la carpeta con ambas manos intentó respirar y tranquilizarse. ¿Qué pasaba aquel día? ¿Esque el que gobernaba sus destinos, fuera quien fuese, estaba en su contra? ¿Había hecho algo?

Hizo inventario mental , intentando pensar si había blasfemado o pisado algún insecto especialmente llamativo o roto un espejo, cualquier cosa... pero nada.

- Pareces una olla a presión, tetű.

La lengua. Tuvo que morderse la lengua para no gritarle que la dejara en paz a la chica más... más... irritante y popular del instituto.

Dhanelle Királyné no hablaba con nadie, nunca. Solo con aquella guapa amiga suya del último curso, según recordaba compañera de clase de Nine. Siempre estaban solas, y no conocía a nadie que tuviera la bastante presencia de ánimo como para molestarlas. Es que simplemente, Dhanelle parecía... inalcanzable. No es que fuera superficial ni creída como las animadoras, solo era... superior. Diferente. Interesante y fría.


Y la había tocado, insultado y aconsejado. Todo en el mismo día y en el mismo miserable minuto.

Si la cogiera alguna de las admiradoras... quizá le arrancaran la piel por el hecho de conservar su tacto.

Le costó no taparse las orejas por si acaso, pero mientras miraba cautelosamente a su alrededor, vio que el resto parecían no haber notado nada y ya tenían los libros abiertos.


Frustrada por no entender de qué iba todo aquello, sacó su ajado libro de literatura, herencia de su hermano mayor, y un lápiz, dispuesta a descansar la mente todo lo que pudiera.


Aquel año parecía que las clases iban a ser un tanto menos aburridas, pues el anciano señor Hubert se había prejubilado a causa de un accidente con un tractor y un lago cogelado, por lo que tenían de sustituto al profesor Dorien, mucho más joven y preocupado por sus alumnos.


Pero al ser el primer día, tocaba oh, si, la maravillosa redacción de Qué habéis hecho en verano, si bien Shasha consideraba el verano de la isla como un invierno poco frío.

Miró el papel en blanco sintiendo como sus ideas se escapaban y su imaginación se negaba a prestarle ayuda para que pudiera inventar algo coherente.


No pudo evitar una mueca de asombro cuando la silla que estaba detrás suya se movió, y Dhanelle abandonó su pupitre con una inmaculada hoja en blanco, doblada y en la que solo podían leerse palabras.

``No se lo creería``.

Y debajo la estilizada firma.

Shasha la miró, deseando que el profesor le dijera que aquello era una burla impertinente y que no lo aceptaba, pero la cabeza rubia tan solo echó un vistazo al papel, esbozó una sonrisa y anotó un positivo a favor de la originalidad de la señorita Kyrályné.

La muchacha volvió a su asiento, sin ninguna expresión concreta en el rostro e ignorando los murmullos prontamente acallados de sus compañeros.


- Por algo le llaman la Reina.- murmuró una chica con coleta y demasiado maquillaje.

Shasha se limitó a maldecir la estupidez del mundo en decadencia que la rodeaba y se propuso escribir algo más de cinco líneas que no le provocara una falta negativa.


- No te dará tiempo a entregarlo.-

La suave voz le provocó un escalofrío en la nuca y se contuvo de nuevo para no girarse y llamar la atención.

- Y tú qué sabes...- masculló enfadada.

Al no obtener respuesta, se dio la vuelta sin poder evitarlo y se encontró a su compañera guardando sus libros y el estuche en la mochila. Le dedicó apenas un vistazo rápido y luego se levantó.

Shasha la sujetó del brazo sin poder evitarlo y la hizo sentarse.

- ¿Estás loca? Aún falta media hora para la siguiente clase, no puedes levantarte así.

Los ojos violeta la mareaban, sobre todo cuando la miraron socarronamente y aquella extraña chica de piel de alabastro le sonrió.



Entonces se desató el caos.


Un grito seguido de una maldición y un ruido de cristales rotos retumbaron en el pasillo, provocando la algarabía general mientras el profesor se levantaba rápidamente y salía a fuera para ver qué había pasado.


Cuando volvió a entrar en clase, estaba pálido y sudaba.


- ¡¡Que nadie salga del aula!!


Y dicho eso volvió a irse.

Evidentemente, cuando a un alumno se le indica algo, suele tender a hacer exactamente lo contrario, sobre todo cuando hay un hecho intrigante llamando a su curiosidad. Y es sabido que los adolescentes tienen mucho de eso y muy poco sentido común.

Así pues, una masa de estudiantes de ambos géneros se agolpaba en la puerta a escasos segundos de que el profesor abandonara el aula.


Shasha sin embargo permanecía sentada. Su cabeza todavía estaba procesando todo aquello, por lo que no se dio cuenta de que estaba sola hasta que la chica de la coleta la llamó para que fuera a sumarse al alboroto.

Un tanto aturdida, se levantó y buscó inútilmente con la mirada a su problema de ojos violáceos, pero no la pudo distinguir. Quizá ya se había marchado... entre todo aquel ruído era normal.

No había dado ni dos pasos para acercarse a la puerta cuando una mano la sujetó y tiró de ella hacia fuera. Luego se encontró mirando una espalda cubierta por una sudadera azul verdosa que ya conocía.

- Nine...- suspiró aliviada. Aunque no entendía como había llegado allí tan pronto si su clase tenía educación física a aquella hora, y el pabellón estaba tan lejos...

Pero su alivio no duró demasiado, sobre todo al percibir la tensión en los brazos de su compañera, y la colocación de su cuerpo, nuevamente impidiéndole una visión frontal.

Algo confusa, renunció a discutir y aguzó el oído, intentando captar algo entre todos aquellos gritos.


Le llegó una extraña voz, grave y melódica que hablaba lentamente, en un idioma que no conocía.

Y otra mucho más aguda, que denotaba pánico y que le daba la sensación de que pertenecía a cierto pelirrojo...

- Estúpido engreído irresponsable...


Shasha clavó la vista en el cuello de Nine sin comprender en absoluto sus palabras. Nunca había oído aquel tono bajo y amenazante en su amiga, y la conocía desde que era pequeña.

- Se está comportando como un imbécil.- murmuró una voz cercana a sus oídos.

Shasha se dio la vuelta a tiempo para ver como se acercaban dos imponentes presencias, Dhanelle que se había puesto una boina blanca y unos guantesa a juego, casi como si hubiera salido fuera, y su amiga, una rubia de ojos tan similares a los violáceos de su compañera que cualquiera pensaría que eran hermanas.

La rubia tenía una mano puesta en el delgado hombro de la más joven, y ambas parecían tan disgustadas como Nine, solo que en Dhanelle era bastante difícil de interpretar.

La rubia se situó junto a su amiga y la morena se acercó a Shasha para cogerla del brazo mientras observaba desde una privilegiada posición.

- No deberías mirar... pero lo harás, así que mejor que esté yo aquí. -le susurró mientras la arrastraba hacia delante de sus altas compañeras.

Las dos se tensaron cuando vieron que las más pequeñas se ponían delante, pero por alguna razón no las detuvieron.

Y Shasha pudo verlo. Y Dhanelle tuvo que taparle la boca para que no gritara.

Había un cuerpo apoyado contra la pared, cubierto de sangre y demasiado quieto como para estar consciente... o vivo.

Una de las ventanas de la galería del pasillo estaba rota, y la nieve y el viento se colaban por ella y comenzaban a cubrir los charcos de sangre del pasillo.



Había demasiada sangre para un solo cuerpo.


Inconscientemente su mirada buscó a la otra víctima, pero los profesores habían hecho una especie de círculo alrededor y no conseguía ver nada.

Entre los pies del profesor Dorien había una especie de masa de cabellos rojos.

Shasha se mordió el labio y sintió como algo caliente rodaba por su mejilla.


Y entonces lo vio, apartado, apoyándose contra la pared y con una especie de navaja clavanda en un hombro. Alto, oscuro y claramente amenazante, a pesar del dolor que debería estar sintiendo.

El de las botas de motorista.

No se movía, no se quejaba, simplemente contemplaba como su sangre goteaba del brazo a un pequeño charco en el suelo.

Alzó la vista lentamente, con la mandíbula apretada. Miró enfadado a todos los que lo rodeban, consiguiendo que se apartaran cada vez que clavaba la vista en ellos, y poco a poco fue recorriendo todo el pasillo.


En breve les tocaría a ellas. Y Shasha no quería que la viera, no quería.

Se intentó apartar, pero se encontró con que Nine se había colocado pegada a su espalda, con una mano sujetándole la suya, como cuando eran niñas, para darle apoyo.

La rubia había hecho lo mismo con Dhanelle, pero la morena parecía mucho más tranquila que ella.

Respiró, intentando ignorar aquel olor acre y salado que comenzaba a inundar todo el pasillo con su presencia, provocando exclamaciones de asco y la retirada de muchas chicas... y chicos.



Pero, nada la molestó tanto como aquellos ojos. Los ojos de alguien que podría haber matado a dos de sus compañeros delante de más de doscientas personas. Unos ojos que debía despreciar y evitar desde aquel momento. Unos ojos que condenaba. Unos ojos que... odiaba?




Los ojos más grises que había visto nunca.

Los contempló un segundo... y se desmayó.